
1 Juan 3:3 "Y todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica así mismo, tal como Él es puro."
Este versículo nos invita a reflexionar sobre el poder transformador de la esperanza en Cristo. Como mujeres de fe, a menudo nos enfrentamos a desafíos que nos pueden hacer sentir desanimadas o imperfectas. Sin embargo, el apóstol Juan nos recuerda que nuestra esperanza no está puesta en nuestras fuerzas, sino en la pureza y la perfección de Cristo. Él es nuestro modelo y la fuente de nuestra transformación.
La esperanza en Cristo no es solo una esperanza futura de lo que seremos en Él, sino una esperanza activa que nos mueve a vivir en Su pureza hoy. Esto implica un proceso continuo de purificación: nuestros pensamientos, palabras y acciones son transformados por el poder de Su presencia. Cada día es una oportunidad para acercarnos más a Él, buscando reflejar Su pureza en todo lo que hacemos.
Para nosotras, como mujeres, este versículo nos invita a ser conscientes de nuestra identidad en Cristo. No somos definidas por nuestras fallas o inseguridades, sino por Su gracia y amor. A medida que depositamos nuestra esperanza en Él, Él nos purifica, nos moldea y nos prepara para vivir de acuerdo a Su voluntad. Esto no significa que seremos perfectas de inmediato, pero sí que el proceso de transformación comienza cuando nos rendimos a Su obra en nosotros.
Cada día, al enfrentar las exigencias de la vida, puedo recordarme a mí misma que mi verdadera identidad no depende de lo que el mundo espera de mí, ni de mis propios esfuerzos, sino de lo que Cristo ha hecho por mí. Al meditar en Su pureza, me animo a caminar en la misma dirección, buscando la santidad, aunque imperfecta, confiando en que Él es quien me purifica. Cuando me sienta cansada o desanimada, puedo recordar que en Cristo siempre tengo una nueva oportunidad para crecer y reflejar Su imagen en mí.
Oración:
Amado Dios, gracias por el regalo de la esperanza que tenemos en Tu Hijo, Jesucristo. Gracias por Su pureza, que nos llama a vivir de manera diferente, transformadas por Su amor y Su sacrificio. Ayúdame a mantener mi mirada fija en Él, para que mi vida sea un reflejo de Su santidad. Purifica mi corazón, mis pensamientos y mis acciones, para que pueda ser un testimonio de Tu gracia. Te pido que me des fuerzas para continuar este proceso de transformación, confiando en que Tú eres fiel para completarlo. En el nombre de Jesús, amén.
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