
Deuteronomio 14:2 "Tú fuiste separado como pueblo santo para el Señor tu Dios, y él te eligió entre todas las naciones del mundo, para que seas su tesoro especial".
En Deuteronomio 14:2, Dios le recuerda al pueblo de Israel su identidad como un pueblo santo, elegido por Él para ser especial entre las naciones. Este versículo no solo aplica a los israelitas, sino también a todas las mujeres de fe que hemos sido escogidas por Dios para vivir de manera diferente, reflejando Su santidad y amor.
Al decir que somos un "pueblo santo", Dios no solo nos llama a una vida de pureza externa, sino a una vida que está centrada en Él. La santidad, en su sentido más profundo, es ser separados para Dios, vivir conforme a Su voluntad, y reflejar Su carácter en todo lo que hacemos. Al ser elegidas, Él nos llama a ser modelos de fe, esperanza, amor y servicio, destacándonos en un mundo que a menudo carece de estos valores.
Dios no nos ha elegido porque seamos perfectas, sino porque nos ama profundamente y nos quiere usar para Su propósito. Esto significa que debemos vivir con el entendimiento de que nuestra identidad está en Él. Cada acción, cada palabra y cada pensamiento debe estar alineado con el llamado que Él nos ha hecho. Vivir como mujeres santas no es un peso, sino un privilegio y una responsabilidad.
Hoy es una buena oportunidad para recordar quiénes somos en Cristo. Como mujeres de Dios, ¿estamos viviendo de acuerdo con la identidad que Él nos ha dado? A veces nos olvidamos de lo especial que somos ante Sus ojos y dejamos que las presiones del mundo definan nuestra valía. Pero la verdad es que nuestra identidad está firmemente anclada en Él.
Cuando nos sentimos inseguras o dudamos de nuestro valor, debemos recordar que fuimos elegidas por Dios, que somos Su tesoro. Él tiene planes maravillosos para nuestras vidas, y debemos vivir de tal manera que nuestra luz brille en medio de la oscuridad. Ya sea en nuestra casa, en el trabajo, en la iglesia o con amigos, que nuestras actitudes y decisiones reflejen el amor y la gracia de Dios.
Oración:
Amado Dios, gracias por elegirnos y llamarnos Tu pueblo santo. Hoy quiero reconocer el privilegio y la responsabilidad que tengo como mujer de fe, y te pido que me ayudes a vivir conforme a la identidad que me has dado. Que mi vida refleje Tu santidad, Tu amor y Tu misericordia, para que otros puedan conocerte a través de mí. Ayúdame a no dejar que las preocupaciones del mundo me hagan olvidar lo especial que soy para Ti. Te doy gracias por Tu gracia y por ser mi fuerza y guía. En el nombre de Jesús, amén.
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