
En Filipenses 3:20, el apóstol Pablo nos recuerda que "nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, el Señor Jesucristo." Este versículo nos invita a reflexionar sobre nuestra verdadera identidad como hijas de Dios, cuya residencia principal no está en este mundo, sino en el reino celestial.
Como mujeres, a menudo nos vemos absorbidas por las demandas y expectativas de la sociedad. La presión por cumplir con ciertos estándares de belleza, éxito profesional, y roles familiares puede nublar nuestra visión del propósito eterno que Dios tiene para nosotras. Sin embargo, esta escritura nos llama a tener nuestra mirada fija en lo que realmente importa: nuestra relación con Dios y el propósito divino que Él ha preparado para nosotras, más allá de las circunstancias terrenales.
La ciudadanía en los cielos nos recuerda que no estamos definidas por lo que el mundo dice de nosotras, ni por los logros temporales que podamos alcanzar. Vivir con esta perspectiva nos permite tomar decisiones basadas en los principios eternos de Dios, en lugar de ser arrastradas por la corriente de un mundo que muchas veces valora lo superficial. Nuestra vida en Cristo nos invita a ser portadoras de Su paz, Su amor y Su verdad, sin importar la estación en la que nos encontremos.
Como mujeres, podemos aplicar este versículo en nuestra vida diaria de varias maneras. Primero, al recordar que nuestra identidad y nuestro valor provienen de Dios, podemos liberarnos de las presiones externas y vivir de manera auténtica, con confianza en el propósito que Él tiene para cada una de nosotras. Segundo, podemos mantener la esperanza firme en las promesas eternas de Dios, sabiendo que el sufrimiento y los desafíos de este mundo son temporales. Finalmente, podemos vivir con una actitud de gratitud y servicio, compartiendo el amor de Cristo con los demás, reflejando el carácter de nuestro Salvador mientras esperamos con ansias Su regreso.
Oración:
Señor amado, gracias por recordarnos a través de Tu palabra que nuestra verdadera ciudadanía está en el cielo. Ayúdanos a vivir con esta perspectiva, sabiendo que no somos definidas por lo que el mundo dice o espera de nosotras, sino por Tu amor y el propósito eterno que tienes para cada una de nosotras. Fortalece nuestro corazón para que, a pesar de las dificultades y las presiones, podamos mantener nuestra mirada fija en Ti. Que nuestra vida refleje Tu luz y Tu verdad, y que siempre vivamos con esperanza en Tu regreso. Te damos gracias por ser nuestro Salvador y por darnos una identidad segura en Ti. En el nombre de Jesús, amén.
Comments